¿El otoño? Qué sabrá
el otoño. El otoño es un viejo profesor sin retirar, un fósil viviente que se
empeña en asegurar que nadie pasa su curso a la primera. ¡Lluvia, inundaciones!
Pero también quiere hacerse el magnánimo con Halloween y chocolate y hojas de
todos los colores que dan muy buenos planos a las películas americanas.
El otoño no sabe
nada. Ni siquiera sabe que llega el invierno, que no es un pobre profesor
cascarrabias, un anciano débil. El invierno es un joven gélido, es la salvaje
niñez que no conoce límites, no conoce el respeto, que pisa, rompe y hiela con la
despreocupación de un recién nacido. Mi invierno. Mis mantas, mi chocolate, mis
falanges blancas y retorcidas como carámbanos que reviven al calor del agua
hirviendo. El frio. Mi frio. Mi frio húmedo de lluvia temblorosa. Todo tan
verde que duele mirarlo a través de la cortina acuática.
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