-O sea,
que estás pillada por él.
Ella
dio otra calada. Otra más. Iba por el tercer cigarrillo de su vida en una hora.
-No.
Sí. No lo sé –se encogió de hombros-. El tío es un gilipollas de los que ya no
quedan. Celoso, inseguro y esas cosas. Puede que acabe intentando pegarme por
tener amigos hombres mientras me dice que deje que estudiar. Yo qué sé. Pero
está muy bueno.
-Eso
suena a que te mueres por un polvo.
Desde
abajo, ella lo miró divertida.
-¿Me
estás haciendo proposiciones indecentes?
-No
–replicó él muy serio.
-Jo, qué poco sentido del humor. En fin
–suspiró y tosió-. Joder. Pues eso, que lo he pensado mucho y si fuese que solo
quiero un polvo no me pillaría estas ralladas.
-¿Entonces?
-Pues que no lo sé. No tengo ni la más mínima
idea. Quiero decir, por un lado está que el tío es un idiota, que ni siquiera
estoy muy segura de que no me caiga mal. Por otro, está muy bueno y lo persigo.
No lo entiendo. No me entiendo. Esto es como tener un bug.
-¿Un qué?
-Un bug es cuando en los videojuegos algo
falla y empiezan a pasar cosas raras, como que tu personaje no puede pasar por
una puerta abierta o los enemigos se matan entre ellos, y normalmente es algo
que ni puedes solucionar ni sabes por qué pasa. Pues yo lo mismo. Me he quedado
bugueada, chocando contra la pared
sin poder hacer nada.
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