Escenario: hoy tengo que escribir lo último. Nada más. Nunca voy a escribir nada más, no sé por qué, ¿porque mañana me voy a someter a una operación? Sí, me someteré a una operación que me extirpe las ganas de escribir para siempre. Así que ahora, vestida con bata de hospital, en una servilleta de papel, tengo que escribir las últimas palabras de mi vida:
Esto es lo último que escribo. Lo único que se me ocurre es decir adiós, porque es lo que se hace. Porque me estoy quedando sin ideas. Tal vez la televisión si que robe la ilusión. No lo sé. Solo sé que tengo que decir adiós. Adiós, escritura. Adiós. Adiós.
Se va a ir de verdad. Para siempre. No sería malo si yo no tuviera que quedarme detrás, si no tuviera que lidiar con toda una vida sin juntar palabras. Puede que no sea buena creando personajes, puede que mis historias sean demasiado largas y enrevesadas, no lo sé, nadie me lo ha dicho. Y no me importa. No me podría importar menos porque de lo que disfruto es de esto. De escritura en chorro. De escribir, simplemente. No voy a mentir y decir que no me gusta crear historias, agarrarme al poste del autobús y mirar a la gente, pensar que esa chica tiene la cara que quiero para mi próximo personaje. Pero al final lo que queda es esto. Escribir. Una palabra detrás de otra, encadenadas hasta formar algo con sentido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario